Este muro de Berlín que yo me empeño en levantar a mi alrededor en situaciones puntuales de mi vida no siempre es entendido ni aceptado por los que me rodean.A veces lo interpretan como un exceso de vanidad y cierta prepotencia,desapego y autosuficiencia.La realidad es bien diferente.Es miedo e inseguridad,es necesidad de recogimiento y soledad para poder alcanzar mi ansiado control de mi misma y de lo que me rodea.Mis lágrimas aparecen cuando les da la gana a ellas,no cuando yo las requiero y me aterra que los demás me vean así de débil.Aún así no se van las personas a las que quiero.Se acercan poco a poco y no se cómo se las apañan para saltarse mi muro de Berlín.

Luego,a ratos,van llegando instantes en los que la quietud me vuelve a permitir sentir y pensar.Miro y veo,compruebo con más cariño que satisfacción que no estoy sola,que hay un puñado de personas que están a mi lado gratuitamente sin pedir nada a cambio.Veo emociones y tristeza en sus ojos y yo me esfuerzo por encontrar ese consuelo inútil que no sirve a nadie.

Nada se tiene,nada se posee pero hay cosas y personas que se quedan aún cuando cambian los aires y es maravilloso.Me hace sentir libre,libre para quedarme donde quiero estar exactamente,sin sogas,ni cadenas.Entonces brota el cariño y la gratitud y ese pensamiento inmenso que ocupa mi cuerpo,esa idea constante de tener el resto de mi vida para quedarme en paz conmigo misma después de la batalla campal.